Mi obra se concreta en una identidad llamada Vivero, donde exploro la posibilidad de generar formas sensibles. Una morfología que se detona con la experiencia y desenvuelve en una mezcla entre lo orgánico y lo antropomórfico.

La posibilidad de concentrar en una imagen la sensibilidad de un gesto o la reacción a una vivencia, me permite hablar desde lo íntimo, incorporando un carácter sensual y femenino. Vivero es también un cultivo de series que practican la realización de estos signos de forma recurrente para la codificación de lenguajes nuevos, la acción de sembrar signos.

Hay una búsqueda por encontrar maneras expeditas y cercanas de comunicar, lo que hizo frecuente la práctica de intervenir y crear en espacios virtuales o urbanos, esto último generó un vínculo muy cercano entre su obra y la ciudad que habita. Proponiendo lecturas que revalorizan el poder de la sensibilidad en nuestra cotidianidad.